marzo 11, 2011

PERFIL de MANUEL GUZMAN HENNESSEY



Manuel Guzmán Hennessey es escritor, periodista de opinión y profesor universitario. Trabaja como director de la red KLIMAFORUM LATINOAMERICA NETWORK KLN, columnista de opinión en varios medios, y profesor investigador de la Universidad del Rosario de Bogotá, Colombia.

Ha publicado los siguientes libros: La Generación del cambio climático, 2009 Santiago de Chile, Universidad Bolivariana, I edición, La Generación del Cambio Climático, 2010, Bogotá, II edición, Universidad del Rosario, Entre Bali y Copenhague, 2009, Universidad del Rosario, Bogotá. Es editor de la revista latinoamericana sobre cambio climático CX4 y director de la serie de publicaciones 'Aproximaciones teóricas sobre el cambio climático' de la Universidad del Rosario. Es miembro de varios directorios y comisiones educativas en redes y organizaciones ambientales y climáticas de América latina.

Participa como observador académico en las Conferencias de cambio climático de las Naciones Unidas (Buenos Aires 2004,Bali 2007 y Copenghague 2009)y como miembro del NODO latinoamericano de educación de Climate Action Nework CAN LA.

Es creador del enfoque "educación orientada a la adaptación del cambio climático".

Escribe semanalmente columnas de opinión en los diarios El Tiempo (desde 2004 hasta la fecha) y El Colombiano (2004 - 2008), Razón Pública (2008 hasta la fecha). Escribe ensayos y artículos en revistas de ciencias sociales y filosóficas de Colombia y el extranjero, como Eidos, Universidad del Norte, POLIS, Universidad Bolivariana, Santiago de Chile, Sustentabilidades, Santiago de Chile, Tendencias 21,España.
Fundó el Centro de Aplicaciones de la Teoría del Caos (Buenos Aires, Argentina, 2002) y el Programa ambiental de los sectores plástico y químico de Colombia (Acoplásticos, 1991). Coordinó la iniciativa de adaptación para Colombia del programa ambiental de la industria química y petroquímica Responsible Care, de Canadá (Responsabilidad Integral Colombia, 1994, Andi, Acoplásticos, CCS). Ha sido asesor en empresas del sector químico y petroquímico de Colombia, como Basf Química, Ecopetrol Policolsa, Petco, Propilco y Dow Química (1990-1997)
Ha trabajado como asesor de proyectos de producción limpia en Colombia, Argentina, España y Chile.
Estudió en la Escuela Naval de Cadetes Almirante Padilla.

Twitter: @guzmanhennessey

junio 19, 2010

Enfoque del caos, publicaciones de Manuel Guzmán Hennessey


Artículo Macroeconomia y Caos, 2009, Universidad Nacional de Colombia




Manuel Guzman Hennessey

Producción limpia. Publicaciones de Manuel Guzmán Hennessey



Libros de Manuel Guzmán Hennessey relacionados con cambio climático global



La Generación del cambio climático, 2010, segunda edición, Universidad del Rosario, Universidad Bolivariana Santiago de Chile, Bogotá.




La Generación del cambio climático, 2009, primera edición, Universidad Bolivariana Santiago de Chile.


Entre Bali y Copenhague, 2009, Universidad del Rosario, Bogotá




I Modelo de Simulación de Conferencia de cambio climático de las Naciones Unidas, 2009, Universidad del Rosario, Bogotá.

Cuando votar cansa


Manuel Guzman Hennessey




Cesare Pavese escribió: trabajar cansa.
Votar es un trabajo: uno tiene que levantarse temprano, ir al puesto de votación, saber de antemano el lugar, consultar la mesa, hacer la fila, permitir la requisa, votar, regresar. Facebook es otra cosa, más divertimento que trabajo: clic. Elegir es más difícil, pues uno tiene que pensar y comparar: decidir; y todo ello cansa más que divertirse. Para elegir hay que informarse sobre programas, ver debates, leer diarios, escuchar opiniones, discutir. Grave problema: informarse demanda esfuerzo, concentración, tiempo dedicado a la lectura. Y leer es otro trabajo. Así lo reconoció Ignacio Ramonet hace unos años, cuando escribió una columna en Le Monde Diplomatique, titulada 'Informarse fatiga'. Allí dijo que aspirar a informarse sin esfuerzo es una ilusión que remite al mito publicitario y no a la movilización cívica, pero es el precio que un ciudadano paga para tener el derecho de participar con inteligencia en la vida democrática.

Puso el dedo en la llaga: el verdadero pasaporte de la democracia no es el voto sino el esfuerzo, la educación, la información, el compromiso con el trabajo. Y todo aquello cansa más, inclusive, que votar.

No creo justo atribuirles a los jóvenes toda la responsabilidad de haber entendido mal esta ecuación, pues cuando votar cansa es porque nos faltó, a los mayores, explicarles que ese trabajo de votar soporta la democracia. Construcción colectiva que demanda de la sociedad un esfuerzo más sostenido que el que exige la actividad electoral.

Quizás por todo ello, Bertolt Brecht escribió aquello de que el peor analfabeto es el analfabeto político, el que no sabe que el costo de la vida, el precio del pescado y de la harina dependen de decisiones políticas. El analfabetismo político es el estadio superior del analfabetismo funcional: el que sabe leer pero no entiende y, por lo tanto, no es capaz de explicar lo que ha leído.

Cuando votar cansa, lo que está en crisis es el sistema educativo de un país, que, como el nuestro, se empecina en TLC sin haber resuelto sus analfabetismos estructurales básicos.
Si alguien nos dice cuántos analfabetas funcionales hay, y cuántos analfabetas políticos, tal vez podremos entender mejor el colofón que pone Brecht al final de su sentencia: el analfabeto político no sabe que de su ignorancia política nace el menor abandonado, el asaltante y el peor de los bandidos, que es el político corrupto.
Pido a mis lectores, especialmente a los más jóvenes, que salgan a votar este domingo, aunque se cansen.

De sapos y lagartos


Manuel Guzman Hennessey


La noticia es que hay algunos lagartos en peligro de extinción. Otras especies también lo están, como el sapo dorado de California y la mariposa Coma europea. Evidentemente no es una buena noticia, aunque suceda para nosotros en época electoral, que coincide (¿curiosamente?) con el año de la biodiversidad.
El peligro se debe, en buena medida, al cambio climático global y, según la nueva lista roja de UICN, comporta a 1 de cada 4 especies de mamíferos. Y a algo más del 38 por ciento de todas las especies. Hace poco tiempo, un grupo de biólogos se dio a la tarea de relacionar el cambio climático con la desaparición de algunas especies; trabajaron sobre una muestra de 1.100 especies de plantas y animales de regiones que abarcaban aproximadamente una quinta parte del Planeta. Y aplicando una proyección sobre el aumento de la temperatura, llegaron a la conclusión de que entre el 15 y el 37 por ciento de estas especies se encuentra en peligro.

Cuando se descubre que el cambio climático global tiene que ver con todo, es probable que se asuma el problema como un asunto de todos, pues la nuestra es una de esas especies de mamíferos que bien podría menguarse como consecuencia de la compleja problemática.

Ahora bien, algunos podrán pensar que si se acaban algunas serpientes o sapos, ello no afecta a los seres humanos (¿mamíferos libres?), ni a las sociedades conformadas por esta especie de antropoides alegres, a la que Julio Cortázar llamó cronopios. No es así. Y para explicar este argumento me apoyo en un ejemplo del profesor Carlos Muñoz, del Instituto Nacional de Ecología de México. Al norte de Monterrey hay una cueva de un millón de murciélagos. Los científicos descubrieron que estos mamíferos, alegres como nosotros, salen a pasear por una zona de cítricos y se comen algunas plagas que dañan estos cultivos.

Las especies de serpientes y de sapos se comen a los insectos que, en algunos casos, comen hojas de plantas y en otros, a insectos transmisores de enfermedades como el dengue y la malaria. Si no cuidamos los bosques donde viven murciélagos, serpientes y sapos, no solamente tendremos problemas con los cultivos, sino que podremos padecer enfermedades. Las altas temperaturas hacen que muchas especies tengan que buscar regiones menos calientes para adaptarse y sobrevivir al cambio climático.

Invito a mis lectores a FIMA, la feria del medio ambiente que, hasta mañana, nos recuerda la importancia de la vida, esa palabra también en peligro de extinción.

Lo verde en la cabeza

Manuel Guzman Hennessey

Hubo un tiempo en que lo verde nos producía urticaria. Pues muchos, y me incluyo, asociaban la palabrita con una especie de mamertismo reciclado en fundamentalismo. Y lo encarnaban unos señores (y señoras) agresivos, que proponían abolir el plástico y acabar con la industria. Pero cuando el cambio climático nos notificó que lo ambiental nos implicaba a todos, y que era menester asumirlo como un tema de futuro, el empresariado hizo clic en el asunto y se involucró en el tema.

Entonces, lo verde se fue mimetizando en el léxico empresarial, y tomó varios matices: The Natural Steep, Responsible Care, Ecoeficiencia, Producción limpia, World Bussines Council, RSE, entre otros. Así, aquella noción incómoda que nos generaba antipatías acabó convirtiéndose en sinónimo de las empresas modernas.

Los programas de gestión ambiental, que se consideraban exóticos en el pasado, hoy son el abecé, y ninguna empresa seria puede decir que es ajena al tema del ambiente. Muchas de ellas han dado un paso más: son verdes y neutralizan sus emisiones de carbono a la atmósfera.

Poco después entraron en la onda verde los políticos, hasta el punto de que hoy puede decirse que si un partido no tiene suficiente claridad sobre la relación entre ambiente y desarrollo, está llamado a desaparecer.

El partido Europe Ecologie (Francia), que hoy tiene 14 eurodiputados en el Parlamento Europeo, es un buen ejemplo de ello. Y aunque es cierto que a los colombianos "todo nos llega tarde, hasta la muerte", uno podría pensar que la ola verde es una buena señal. No digo que Antanas Mockus sea Daniel Cohn Bendit, ni que los verdes nuestros sean Europe Ecologie. Pero tienen quizás más elementos que aquellos para "aprender haciendo" y agregar a lo ético en el ejercicio de lo público todo lo que de ético y moderno tiene lo que hoy entraña la palabra verde: equidad, justicia, economía, clima, conservación de bosques, investigación, ciencia, innovación, tecnología, diversidad, responsabilidad, política internacional, juventud, futuro.

Al profesor Mockus le cabe lo verde en la cabeza. Y aunque sé que a otros también les cabe, algo me dice que él entenderá mejor, desde la ciencia y la filosofía, el valor que ello agrega a las nuevas generaciones, que son, en últimas, la más genuina razón de la política. Y que él no haya sido, precisamente, un militante de la causa ecológica se resuelve con un verso de Machado: "Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar".

La buena música






Lo que dijo el profesor de la Universidad de Viena Jakos Pietschining sobre el llamado efecto Mozart, que hace algunos años popularizó Don Campbell, es que no es la música de Mozart la única que estimula positivamente la creatividad de los niños, sino toda la buena música. Le preguntó Julio Sánchez por la música de las hermanitas Calle o de un señor Darío Gómez, y antes de que el profesor contestara, De Bedout alcanzó a decir que esa música no hacía daño.

Es una creencia, por desgracia, muy extendida, la de considerar que cualquier cosa que suene es música, y que cualquier música es buena. Yo creo que la mala música sí hace daño, y aún más a los niños, pero no caeré en la trampa intelectual de establecer qué es buena música y qué no lo es, pues, aparte de que me lloverían rayos de los reguetoneros, no podría razonar sobre la diferencia entre Beethoven y uno de ellos, ya que la trampa de la discusión sobre la música descansa precisamente en la razón.

Y la porfía se resuelve mejor con la ironía, que, al agregar el elemento del contraste entre lo que se dice y lo que se piensa, acaba siendo más explícita que el difícil razonamiento de lo estético. Fue lo que hicieron en La W, al comparar a Mozart con las Calle y con Gómez. A quienes no he escuchado, por desgracia, pero algo puedo inferir.

Y como sé que necesito argumentar la afirmación de que la mala música es dañina, lo haré, otra vez, con la ironía, no de mi propia cosecha, sino del maestro Antonio María Peñaloza, a quien le escuché decir que no les debían poner vallenatos a los niños porque aprendían a decir "corázon".

Y algo más: los niños que soportan la mala música aprenden un patrón estético simple y básico y se pierden con ello de conocer la complejidad de una buena estructura musical, que no simplemente les mejora el sentido de lo estético, sino su propia capacidad para aprehender el conocimiento y entender lo que pasa en el mundo, como bien lo afirmó el profesor Pietschining. Llamarle folclor a todo lo que suene es otro equívoco, lesivo del folclor y emparentado con llamarle humor a lo grotesco. Que ambas cosas abundan en nuestra radio. También hay buena, que deberían escuchar los niños.

La expresión "buena música" es el resultado de una creencia cultural que nuestra civilización viene acumulando desde hace varios siglos; de manera que, si uno dice "buena música" se entiende por lo general música clásica, aunque otras también lo son. Sobre la "mala música", en cambio, no es posible el consenso, pero los que alguna vez han escuchado la buena, poco lo necesitan para mover el dial.

¿La madre Tierra?


¿La madre Tierra? Por Manuel Guzmán Hennessey


No hay que burlarse de Evo Morales por haber dicho que los transgénicos producen homosexuales y calvos. Me parece más saludable enseñarle, para que aproveche su liderazgo y siga trabajando por una convocatoria de la sociedad en favor del clima.

El error lo cometió con ocasión de la cumbre mundial de los pueblos por el cambio climático y los derechos de la madre Tierra, que era una iniciativa bien intencionada, pero tiznada de otro error: la metáfora "madre Tierra".

Que puede acabar confundiendo a los ignorantes tanto como la asociación lingüística de genes, cromosomas, hormonas e intervenciones de la biología sobre las semillas y los alimentos de los pollos. Que supongo fue lo que le ocurrió a Evo.

Lo de la "madre Tierra" me parece un error más grave. Porque nos aleja de la consideración sistémica necesaria para entender el origen antropogénico del problema del clima.

La Tierra es un sistema, no una madre que produce humanos. Los seres vivos conformamos otros sistemas, e interactuamos con el sistema Tierra. Nuestra especie proviene de la evolución de otros primates, no de las condiciones fisicoquímicas de un Planeta paridor de especies.

Pero Evo no es el único que confunde los conceptos científicos. Y tampoco lo hace como resultado de una premeditación. Otros más ilustrados, como los negacionistas climáticos o los negacionistas evolutivos, son, a mi parecer, más peligrosos que el buen aimara. Porque construyen sus argumentos a sabiendas de que pueden confundir, y lo consiguen.

El columnista de The New York Times Leslie Kaufman reveló hace unos días que los mismos 'tanques de pensamiento' que alentaron la confusión contra el evolucionismo darwiniano hoy se apertrechan en las trincheras del negacionismo climático. Su columna se titula 'Darwin foes add warming targets', y en ella se refiere a los genios del Discovery Institute, célebres por la teoría del diseño inteligente, especie de "madre Tierra" de una evolución equivocada. Y señala que hay una ola que quiere aprovechar la lógica argumental del negacionismo evolutivo para armar la nueva lógica argumental que sirva a quienes están interesados en divulgar que el calentamiento global no tiene un origen en la actividad humana.

Es un perverso juego inteligente sobre el cual la humanidad habrá de aprender a defenderse, tanto o más que del propio cambio climático. Pero hay que empezar por recomendarle al presidente Evo que no siga refiriéndose a unos derechos de quien no puede ser sujeto de tenerlos.

abril 12, 2010

Mockus-Fajardo: la sincronía verde

Interpreto como una señal a favor del país la coincidencia afortunada de dos profesores en la contienda presidencial. Una señal que proviene más del azar que de la racionalidad y que permite una lectura del siguiente tenor: una sociedad a punto de tocar fondo acude a cierta forma de autoorganización instintiva y escoge a la dupla Mockus-Fajardo para depositar en ella su esperanza.

La teoría del caos sostiene que un nuevo orden es posible a partir del caos, que algunos, en el contexto actual, bien podrían asimilar al viraje de una sociedad que puede pasar de una elección mediocre para Congreso a una histórica para Presidente. Que modifique la dinámica de la política y entregue las riendas de un país a quienes se han dedicado a pensarlo desde la academia y desde el ejercicio de una ética política, que resulta rara avis en el quehacer político tradicional.

La señal que entreveo agrega un componente más, especie de sincronía, que se me antoja decisivo en la actual encrucijada de un mundo amenazado por el cambio climático: el de un partido verde, asunto que no figura en el palmarés de ninguno de los dos académicos, pero que resulta coherente con lo que ambos han trabajado desde sus alcaldías. Y que representa, a mi juicio, lo que podría juzgarse como el elemento central del desafío.
Si ellos logran captar, estructurar y comunicar el sentido moderno que tiene hoy lo verde en el mundo, van a poder movilizar a buena parte de esa franja sensata de electores indecisos, que hoy apostaría por Mockus y Fajardo simplemente porque lucen como más inteligentes (lo son) y quizás menos decadentes que los demás (no lo son).

Lo verde ya no es lo que antes fue: exótica mezcla de idealismo y fundamentalismo; hoy es pragmatismo y responsabilidad, ciencia y cultura, ética y desarrollo, pero ante todo: construcción de un futuro de verdad sostenible. En lo verde se materializa la política moderna.

Europe Écologie, el partido verde francés, es un buen ejemplo de ello; y hay algunos más, que en otros países han cambiado la lógica de la política y logrado el apoyo de una sociedad que, como la nuestra, está cansada de los mismos y las mismas. La lógica mediante la cual se consolida la propuesta verde ha sido, toda, caótica, lo cual habla mejor de una sociedad que, al fin, reacciona, que de la calidad del Congreso recién electo. La valoración de los profesores es una señal de buena salud del país, que opta por la renovación desde el fondo de una profunda crisis. ¿Alguien mejor que Mockus, me pregunto, para convertir en sinfonía esta emergente sincronía?


Manuel Guzman Hennessey

noviembre 27, 2009

Entre Balí y Copenhague. Libro Manuel Guzmán Hennesey

Entre Balí y Copenhague. I Encuentro Internacional Cambio Climático - Carbono Neutral 2009. Memorias
Tipo: Publicación electrónica
Facultad de Ciencia Política y Gobierno y de Relaciones Internacionales

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Por interés de la Universidad del Rosario esta publicación se encuentra disponible para su consulta sin ningún costo. Para descargarla haga clic aquí.

Autor: Manuel Guzmán Hennessey (Compilador)

Editorial: Editorial Universidad del Rosario
Facultad de Ciencia Política y Gobierno y de Relaciones Internacionales

Fecha de edición: Octubre de 2009

ISBN: 9789587380422

Formato: PDF

Número de páginas: 339

Reseña: Este libro recoge los principales aprendizajes de una experiencia académica nueva, el I Encuentro Internacional Cambio Climatico-Carbono Neutral 2009, llevado a cabo en el claustro centenario de la Universidad del Rosario de Bogotá, Colombia.

Para escribir lo que nos quedó, en el cerebro y en el paladar, como conclusiones de tal experiencia, pero principalmente, como reflexiones a futuro, que de tales conclusiones se derivan, el autor de apoya en una sugerencia que dejó escrita Jorge Luis Borges —tal vez para estos menesteres—: “Para reunir los textos que fueron esenciales para nosotros he recorrido las galerías y los palacios de la memoria, como San Agustín escribió”.

Durante los días 20, 21, 22 y 23 de abril de 2009, entre el Hotel Tequendama de Bogotá, el Aula Máxima de la Universidad del Rosario, el auditorio José Celestino Mutis y el Palacio de San Francisco de la misma universidad sucedieron algunos hechos académicos que constituyen, a partir de ese momento, referente obligado en el panorama de las universidades colombianas, sobre el papel que los docentes y las instituciones deberán asignarle a los jóvenes en el aprendizaje y la apropiación comprensiva y activa, de un problema que, sin duda, marcará el desarrollo de sus actividades profesionales durante todo el periplo de sus vidas: el cambio climático global.


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noviembre 24, 2009

La reunión de Bangkok de cambio climático: ¿penúltimo escalón hacia el fracaso?




El viernes pasado, finalizó en Bangkok, la reunión de la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Los delegados de 179 países, firmantes del Protocolo de Kioto, se reunieron allí para dar el penúltimo paso en la ruta de va de Bali a Copenhague; y dieron efectivamente este paso, pero con la timidez y acaso la vergüenza, de quien, con ello, se aproxima al fracaso.
Previendo quizás lo anterior, algunos alcanzaron a sugerir una reunión adicional para finales del mes de noviembre, pues parece que la reunión en Barcelona, prevista para ese mes, no sería suficiente para concretar los acuerdos que el mundo está esperando de la reunión de Copenhague, que se celebrará entre el 6 y el 15 de diciembre.
Opino que en el improbable evento de que la Convención del clima, decidiera declararse en reunión permanente de aquí a Copenhague, es decir: en los 50 días que hacen falta, ello no garantizaría el éxito de los acuerdos. Quizás ellos lo saben, pero el sistema de las burocracias internacionales es así, y para muchos de ellos resulta más importante reunirse que avanzar.
El problema no es de tiempo, sino de eficacia, y de ganas de hacer la tarea que corresponde, pero el Sistema de convenciones y conferencias de partes, que ha previsto Naciones Unidas para enfrentar la crisis climática, parece que no resuelve ninguna de estas dos cosas. Por ello resulta muy probable que la humanidad se encuentre a menos de sesenta días de comprobar el más estruendoso fracaso del sistema de acuerdos entre naciones, que esa misma humanidad diseñó, para resolver sus problemas mundiales.
Trataré de que me alcancen los diez mil caracteres con espacios de que dispongo para argumentar dos cosas:
1. Por qué el Protocolo de Kioto es un acuerdo insuficiente.
2. Por qué creo que la Cumbre mundial del clima de Copenhague será un fracaso.
Dejaré para después de Copenhague el análisis de lo que puede ocurrir, no a la Tierra, quien no se encuentra amenazada por el cambio climático, sino a nuestra especie, que ya ha empezado a sufrir las consecuencias del fenómeno.
Y para que me quede más fácil la exposición empiezo por éste último punto: se escucha una cuña radial que incurre en un error recurrente, el de considerar que está en peligro el planeta en que vivimos. La campaña, promovida por una de las agencias de Naciones Unidas, un medio de comunicación y un supermercado, dice “Enamórate de tu Planeta”, y con intención de acertar en el mensaje nos da a entender que si nos enamoramos del Planeta se reducirá el riesgo del calentamiento global. Dejando de lado, a mí entender, que la amenaza que tal riesgo entraña es el mayor problema que ha tenido que afrontar la civilización humana en toda su historia, y que el asunto no es de fácil solución como para volver a los románticos mensajes del tipo “cuida el medio ambiente” o “protege la naturaleza” o “siembra un árbol”.
Lo que aquí está pasando es mucho más grave, pues la civilización del siglo XX, expresada en términos de su tecnosfera, logró impactar de tal manera la biosfera, que hoy estamos al borde del punto de no retorno que representaría, según los entendidos, la pérdida de muchas especies vivas, y la modificación irreversible de las condiciones físicas y químicas del Planeta, que sustentan la vida. La Tierra acabará por adaptarse, y en ello probablemente demorará miles de años, pero la especie humana no tiene esa posibilidad.
Ese es el tamaño del reto de Copenhague.
Para llegar a ese acuerdo se han reunido las partes del Protocolo desde el año 2007; primero en Bali, donde trazaron una “hoja de ruta” para llegar a Copenhague. Luego en Poznan, luego en Bonn, ahora en Bangkok, y en pocas semanas en Barcelona.
Cuál es el ambiente que hoy se vive con respecto al éxito de la cumbre?
Miremos algunos puntos esenciales:
• El porcentaje de reducción de emisiones que asumirán los países desarrollados. El dilema es: o mantienen las tímidas metas negociadas en Kioto (5.2%), o escuchan la petición de las ONGs reunidas en junio en Bonn, y que sugieren reducciones de 35% para 2020 y de 70% para 2050 (Tratado climático de Copenhague).
• El volumen de recursos que los países desarrollados van a poner a disposición de los países en desarrollo para financiar los planes de adaptación y de desarrollo.
• El marco legal del acuerdo que se espera alcanzar y su relación con el Protocolo de Kioto y la Convención de cambio climático.
Sobre el primer punto la palabra la tiene Estados Unidos, pues ellos emiten el 34% del total de las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. El presidente Obama ha dado señales a favor de un acuerdo, pero hasta ahora no ha dado ningún paso concreto; el penúltimo que la humanidad esperaba que diera, no lo dio en Bangkok, pues allí ratificó la conocida posición de no asumir compromisos de reducción, si antes los países en vías de desarrollo no asumen lo mismo.
El gobierno de Obama llegó a Tailandia con un as bajo la manga: el de acabar con la división entre países desarrollados y países en vías de desarrollo que establece la Convención de cambio climático y el Protocolo de Kioto; y diseñar un rasero común para todos, con dos novedades metodológicas: un mismo sistema de compromisos, y diferentes obligaciones a cumplir.
La división entre países del “anexo I” y del “no anexo I”, según la cual, en el primer grupo están las economías desarrolladas, que tienen compromisos de reducción de emisiones, y en el segundo, aquellos países en vías de desarrollo, que no tienen este compromiso, nunca fue un buen invento. No parece coherente tratar a China, a México, Brasil y a India, con el mismo criterio que a países de muy precaria economía y de muy bajo ingreso per cápita.
De hecho China emite emisiones de carbono al nivel de Estados Unidos, y si sumamos lo que se ha llamado “chindia”, superan a Estados Unidos y buena parte de la UE. Por eso la negociación del Protocolo se da entre bloques de países en vías de desarrollo y la UE y Estados Unidos.
A los primeros se conoce como el G-77 + China, en lo cual ya se ve la influencia que tiene China en la negociación. Colombia, junto con todos los países de Suramérica y el Caribe, Asia y Africa, forma parte de este grupo heterogéneo que no obstante, debe negociar en conjunto.
La propuesta de Estados Unidos, que no es descabellada por lo que acabo de escribir y por otras razones más, suscitó el entusiasmo de algunos países de Europa, lo cual generó una acción de protesta por parte del G 77+ China, quienes propusieron incluir una declaración orientada a denunciar un supuesto complot contra el Protocolo de Kioto.
Curiosamente tal declaración no recibió el apoyo de 8 países latinoamericanos: Colombia, Costa Rica, Chile, República Dominicana, Guatemala, Panamá, Perú y Uruguay, lo cual impidió el consenso necesario.
Los demás países del anexo I, salvo Noruega, tampoco dieron muestras de querer comprometerse con metas serias de reducción de sus emisiones, cuando acabe el periodo de cumplimiento del Protocolo en 2012.
El G77 + China, a pesar de sus diferencias internas, mantiene una posición única con respecto a la negociación de Copenhague: si no hay un claro y significativo compromiso de reducción, por parte de los países industrializados, aunado a un modelo ágil de transferencia de recursos y tecnología para los planes de adaptación, no habrá acuerdo en Copenhague.
Ranchados los unos y los otros en posiciones que no han dado muestras de ceder, todo parece indicar que las cosas quedarán como están: unas reducciones no acordes con la gravedad del problema, y unos compromisos lánguidos por parte de los mayores emisores de carbono a la atmósfera.
Y mientras todo esto ocurre, en el árido terreno de los negociadores, el Panel Internacional sobre el Cambio Climático (IPCC), que es el organismo conformado por más de 3.000 científicos de todo el mundo, parece desgañitarse pidiéndole a las economías emergentes que deben reducir sus emisiones entre un 25 y un 40 por ciento, para 2020, con respecto a los niveles de 1990; con lo cual evitarían el colapso que científicos como James Lovelock, han descrito de manera muy clara (la Venganza de la Tierra, Planeta, 2007): una subida de las temperaturas más allá de los dos grados centígrados.
De especial relevancia en la reunión de Tailandia fue el discurso del delegado de Kenia, Odenda Lumumba a Mau, quien puso el dedo sobre el crucial tema de la adaptación y la vulnerabilidad de las poblaciones amenazadas; dijo:"Estamos muy disgustados, pues no es aceptable ni honorable que los países ricos intenten echar sobre las naciones pobres la responsabilidad del cambio climático…es irresponsable la idea de querer negociar un nuevo tratado, después de haber pasado 15 años para llegar a un consenso con el Protocolo de Kioto…cuando miles de personas en el tercer mundo están sufriendo las consecuencias del cambio climático; en Kenia hay diez millones de personas que sufren malnutrición, y muchos pueblos del área subsahariana se enfrentan a la desaparición debido al crecimiento del desierto".
Puestas así las cosas, se deja un poco de lado el tema del cumplimiento hasta Copenhague, del Protocolo de Kioto (al cual todavía le faltan dos años). Se sabe que aunque todos los países del Anexo I hagan perfectamente la tarea, sin maquillar las estadísticas con trampas, ello habrá significado que el mundo redujo en 5,2% sus emisiones de carbono con respecto a sus niveles de 1990.
Lo anterior, sin embargo, representará que la temperatura promedio del Planeta se habrá reducido 0.05º C para el año 2050, o 0,02º C, si los Estados Unidos no entra al mismo, antes de 2010, lo cual es bien probable.

Las organizaciones ambientales proclamaban en la reunión de Bali (COP 13) que sería necesaria una reducción de entre el 40% y el 70%, por debajo de los niveles de 1990, por parte de todas las naciones del mundo para (tan sólo) estabilizar el contenido de dióxido de carbono de la atmósfera.
En la reunión de Poznan se hablaba de cifras similares y el Tratado climático de Copenhague, de las organizaciones de la sociedad civil, propone que los países desarrollados deben reducir sus emisiones hasta, al menos, un 40% por debajo de los niveles de 1990 para el año 2020, y en un 95% para el 2050.
No hay que hacer demasiados números para concluir que ante las cifras de la sociedad civil (40 y 95%), las de Kioto (5.2%) parecen una burla a la humanidad, ni se diga de lo que se puede inferir de los resultados de Bangkok.

Cuando los pájaros dejan de cantar


Ando buscando un dato que leí, hará unos veinte años; recuerdo el libro: Ecología 2000, y la editorial: Debate, horizonte, y su autor más probable es Norman Myers, aunque de esto último no estoy muy seguro. El dato daba cuenta del número de nuevos compuestos químicos que se incorporaba, cada año, a los ecosistemas naturales, modificando, de manera gradual pero irreversible, la composición físico química de los ríos, los mares, y de la propia Tierra, entendida como Gaia, según el concepto que acuñara James Lovelock en 1979.
Diez años antes quizás, Rachel Carson anticipó el peligro de los químicos, en un libro que entonces fue innovador, y que hoy sigue siendo el referente más conspicuo de la nueva ecología: Silent spring (La primavera silenciosa). A él ha vuelto Lovelock en su reciente libro “La venganza de la Tierra”, para recordarnos que muchos de los males que hoy afronta la humanidad, en materia de contaminación y peligro ambientales, tuvieron su origen en el auge indiscriminado de la química, sobre todo en sus aplicaciones de agricultura.
Carson defendió, con notable vehemencia, que el uso no regulado de pesticidas e insecticidas, atentaba contra los pájaros de manera grave. Estos se comían a los insectos envenenados y morían. La autora elaboró su metáfora sobre el silencio que se produciría en los campos cuando los pájaros dejaran de cantar. No alcanzó a prever que los pocos pájaros que se pudieran salvar de la catástrofe de la química, deberían emigrar a otros parajes, lejos de sus amigos, porque el calentamiento progresivo de la atmósfera iría a modificar abruptamente sus ecosistemas, y a desequilibrar la armonía de sus casas naturales.
Julian Huxley, en otro documento que ha venido a mi mente en este momento, y que tampoco tengo, escribió su “Ensayo sobre la muerte de los pájaros” alrededor de 1984. En él recuerdo que se refería al símil de la primavera silenciosa como un grito solitario en medio de la noche infinita, la noche desolada de unos pájaros que huían, asustados por la avalancha incontenible del DDT, y otros mortíferos de similar ralea.
Pero Carson volvió a la carga algunos años después; escribió “El mar en sombra”, un corto ensayo que hoy resulta más profético que otra cosa. Pues una mezcla de silencio y sombra se insinúa sobre el planeta de la vida. Más de doscientos científicos de todo el mundo le pidieron esta misma semana, a los representantes de más de ciento noventa países reunidos en la isla de Bali con ocasión de la cumbre de cambio climático, que escucharan a la ciencia, que depusieran por un momento sus intereses y defendieran la vida. Alertaron al mundo, una vez más, sobre la gravedad del problema del clima, y nadie les hizo caso.
El Ensayo sobre la muerte de los pájaros estaba en “El escarabajo sagrado”, una serie de documentos científicos compilada por Martin Gardner y publicada por Salvat en una colección al alcance de todos los bolsillos. Aquí tengo el volumen I (el que me falta es el II), y tiene un sellito azul con las iniciales LC, librería Continental. Hace unos años fui a buscarla, y me contaron, que como los pájaros de Carson, optó por silenciar sus bellos cantos, para dar paso, ¡qué se yo! ¿al progreso?.

Ay Ban Ki Moon


No me acaba de convencer este señor Ban Ki Moon. Aquí lo tengo, en una fotografía de “La Tercera”, vestido de rojo como un Santa Klaus, caminando sobre las aguas del océano glacial ártico, como un salvador de la humanidad. "En el hielo polar siento el poder de la naturaleza y al mismo tiempo una sensación de vulnerabilidad” dijo a los medios de prensa, cuando regresó a la ciudad noruega de Longyearbyen, capital de Svalbard, adonde había viajado en compañía de su esposa, como cualquier presidente.
Del mundo en este caso, que así suele percibirse su alto cargo, como secretario general de la ONU. Luego aterrizó en México donde puso la pieza final de una gran escultura que habían hecho unos jóvenes, a favor del desarme, con motivo de la 62 Conferencia del Departamento de Información Pública de la ONU. Ban Ki Moon es incansable, viaja de un lugar a otro, y posa para la prensa con cierto abuso mediático.
Trajo a mi memoria otro líder, que al tiempo que pregonaba la igualdad en su organización, señalando que no había parqueaderos asignados, él parqueaba su carro en el sitio de las ambulancias. Dictaba conferencias sobre el carácter horizontal de su empresa, pero en las oficinas regionales estaba colgado su retrato, como un príncipe inevitable. Como Ban Ki Moon, que preside de cuerpo entero las oficinas de la ONU en todo el mundo. Como muchos otros, sobre quienes, a pesar que nadie duda que presiden sus ámbitos, consideran pertinente reiterarlo, a punta de fotografías.
La mayoría de los líderes no se da cuenta que el símbolo que escogen para comunicar un mensaje, muchas veces se les devuelve en boomeran, comunicando el mensaje contrario.
Ban presidirá en menos de cien días la Conferencia de las Partes de los países firmantes del Protocolo de Kyoto, en Copenhague, y ha dicho, en el mar del norte, que está “trabajando muy duro” para que los países desarrollados se comprometan con metas de reducción de emisiones de al menos 25%, para 2020. No dio detalles sobre lo que significa trabajar muy duro, y a juzgar por la eficacia demostrada en otras actuaciones, por el organismo que preside, no parece que debamos esperar que trabajar muy duro, redunde, en este caso, en un acuerdo que depende de otras voluntades, que poco tienen que ver con la cantidad de energías invertidas por el señor Ki Moon.
Y aunque es cierto que la tarea que de él se espera, no resulta una bicoca, también lo es que nadie puede reemplazarlo en el estilo de liderazgo, que habrá de llevarnos a todos, a un acuerdo o desacuerdo, en ambos casos trascendental.

Con la piel de los días






Por ese curioso género de azares que ordena y desordena la textura de la realidad, coincidieron dos hechos, en apariencia inconexos, pero sutilmente entramados, en ese tejido complejo que conforma la piel de nuestros días.
El 7 de junio se llevaron a cabo las elecciones al Parlamento europeo, y en ellas el veterano Conh-Bendit se las trajo, con una propuesta verde que no sólo sacudió los otrora hiperactivos cimientos de los partidos verdes europeos, sino que representó un remezón refrescante para el cotarro ideológico de la izquierda, no sólo europea, sino también ( y ojala) iberoamericana.
El 9 de junio, en el caño San Juan, cerca del río Bartola, Magdalena medio colombiano, unos energúmenos la emprendieron a tiros de 375 milímetros, contra un hipopótamo que había huido de la hacienda Nápoles, otrora regentada por otro energúmeno, que acostumbraba eliminar a sus enemigos cortándoles la cabeza con una motosierra Husqvarna.
El hipopótamo se llamaba Pepe, y su conducta apacible le había granjeado el cariño de los campesinos de la región, que nunca consideraron al animal, ni tan peligroso como su antiguo propietario, ni tan preparado como el Ministro de Ambiente.
El ministro se llama Carlos Costa, y es ingeniero de la Universidad de Los Andes, además de doctorado en sistemas de información geográfica e imágenes de satélite, de la Universidad de Cambridge, Inglaterra. Es conocido en el sector ambiental como un hombre estudioso y capaz, por ello no le ha quedado fácil explicarle al país, el acto administrativo mediante el cual, el Ministerio a su cargo, avaló la gestión de Corantioquia, relacionada con la caza de los animales.
Los hipopótamos son, técnicamente, una especie invasiva, que altera el ecosistema invadido porque compite por el uso de algunos recursos naturales que sin su presencia podrían mantener un más apropiado equilibrio. Mas no por ello había que ofrecer al mundo el macabro espectáculo de su exterminio a bala. Había que proteger la fragilidad del ecosistema invadido, pero con salvaguarda y respeto por el pobre animal, al cual, por supuesto, no se le puede imputar la conducta demencial del espécimen que lo importó, ilegalmente, desde otro lejano ecosistema.
Pero más allá del errático proceder, la decisión administrativa del Ministerio y Corantioquia, ha de servirnos para una reflexión que se asome a otros tópicos, relacionados con el papel del ambientalismo y su capacidad para ponerse a tono con los tiempos que corren, y con lo que el país y el mundo esperan de ellos, en un momento particularmente decisivo para el futuro del Planeta, que los ambientalistas parecen haber dejado al exclusivo arbitrio de los gobernantes.
La reflexión sobre el papel del ambientalismo va de la mano con la de nuestra propia izquierda, tan ausente como aquel de los grandes problemas del mundo, y tan ensimismada en rencillas internas y en hueras discusiones sobre la mecánica de los votos y el trámite de los egos.
La novedad de la nueva izquierda europea, representada por Europe Écologie, el partido ganador de las elecciones del pasado junio en el Parlamento europeo, consiste en la incorporación de la temática ambiental al discurso socioeconómico clásico de la izquierda. Esta incorporación le añade una nueva ética, relacionada con la revisión de los modelos de desarrollo y medio ambiente, tanto al discurso político de los verdes, como al discurso de la propia izquierda.
La fotografía de la señora Luz María Escobar, hermana del narcotraficante Pablo Escobar, en la página 1-5 de El Tiempo del domingo 19 de julio de 2009, refleja, en mi opinión, de cuerpo entero (y me refiero aquí a un cuerpo azas voluminoso, el del hipopótamo) la adiposidad de una sociedad, la nuestra, que aún mira para otro lado cuando le muestran fosas comunes donde enterraron compatriotas asesinados por la nefasta triple alianza de narcotraficantes, políticos y paramilitares. Se celebra como exótica la exhibición de cabezas disecadas de animales de otros mundos, cuando debería causarnos vergüenza estética, y también vergüenza ética, la memoria de unas conductas criminales, que algunos relevaron de su talante perverso, mediante el uso del eufemismo “exótico”.
Con este mismo rasero, la sociedad prefiere rasgar sus vestiduras para pedir la cabeza de un ministro, mientras oculta su cabeza cuando de asumir posturas éticas y políticas se trata.
Se lee en el artículo de la Unidad Investigativa de El Tiempo (“Hipopótamos llegaron en Hércules”, arriba citado) que lo que soportaba las decisiones de Escobar era un propósito ecologista, pues su propuesta de la Hacienda Nápoles estaba orientada a la conservación armoniosa de las especies exóticas, y a la posibilidad de educar a los niños en la adquisición de una conciencia ecológica.
El orgullo que trasunta la cara de Luz María, posando junto a la cabeza disecada de un antepasado de Pepe, parece avalar a posteriori, el proyecto conservacionista del señor Escobar. La sonrisa, en cambio, de Pastor Álvarez, el cuidandero de los animales, quien posó para el fotógrafo de El Tiempo junto al colmillo izquierdo de Chacho, otro familiar de Pepe, es la sonrisa ingenua de quien tal vez nunca perdió la inocencia campesina, y se dedicó a cuidar de los mamíferos sin agregar a ello, análisis sobre la procedencia criminal de quien hizo posible su llegada al país.
Y en tal secuencia de fotografías se retrata el país: quienes miran para otro lado ante el avance de los criminales, quienes pelechan con ambiguos programas de reconciliación, y quienes permanecen al margen de la debacle porque poco o nada entienden, o porque perdieron el interés por analizar lo público, y prefieren refugiarse en las inicuas ínsulas de su privacidad escamoteada.
Habría que agregar la foto de un mamífero exótico e invasivo (en este país hay muchos), para entender mejor el análisis del mosaico colombiano de nuestros días, esa piel que supura, sangra y muere, pero que aún, tumefacta, permanece indiferente, extraña a sí misma, en el registro cotidiano de los diarios.
Me sospecho que Luz María no es la única que hoy pensará que aquello no era un acto de la vanidad de un peligroso mamífero inteligente, sino el curioso “exotismo” de un filántropo. No hay que olvidar que muchos de quienes por estos días hacen fiesta con la posibilidad de comer ministro, se sentaban a manteles en las mesas de “Medellín sin tugurios”.
Y para conectar con Europe Écologie, anoto que el señor Escobar estuvo a punto de organizar en Medellín, un Congreso de ecología con la señora Petra Kelly, fundadora del partido verde alemán. Si ello hubiese ocurrido, muy probablemente el capo del narcotráfico habría pasado a la historia como el fundador del partido verde colombiano, lo cual en este país de mamíferos exóticos, no habría suscitado ningún escándalo mayor, que el que suscitó la semana pasada la disputa amorosa de un actor, por parte de dos bonitas mujeres de nuestra farándula. Y el adjetivo que muchos habrían escogido para titular aquella noticia, que –cómo no- sí habría tenido abundante registro en los medios, muy probablemente habría sido “exótico”.
No quería referirme con desgano al Polo Democrático, puesto que aún representa la única esperanza seria de nuestra izquierda, pero como este partido se empecina en tropezar dos y más veces con la misma piedra, no he podido evitar que gravite en mi pensamiento la desteñida imagen de algunos de sus dirigentes, a medida que he ido tecleando las palabras que, en esta nota, versan sobre especies invasivas, mamíferos grandes, ambientalistas, partidos verdes e izquierdas democráticas.
Prefiero pasar a la propuesta de Europe Écologie, el partido que en las pasadas elecciones pasó de contar con seis eurodiputados a catorce, situándose, a nivel internacional, a tan sólo dos décimas de puntos del Partido Socialista (16.48% contra 16.28%).
Este partido encuentra su target dentro de lo que algunos llaman, la franja de los bohémien bourgeois, ejecutivos o intelectuales jóvenes de las grandes ciudades, quienes compraron más fácilmente el discurso progre de los “verdes no verdes” (explicaré después esta acepción) que el de los clásicos partidos socialistas u obreros.
El partido (óigase bien, señores del Polo) es plural y flexible, pues a pesar de tener un líder natural, Daniel Cohn- Bendit, facilita la coexistencia de otros líderes, de similar jerarquía, como José Bové, Eva Joly y un grupo fuerte de ecologistas franceses de la vieja guardia. Entre todos ellos armaron la propuesta que prescindió del manido discurso mamertoide que consiste en achacar todos los males del mundo al neoliberalismo, así muchos de los males del mundo tengan, efectivamente su origen, en el neoliberalismo. Imaginarse una sociedad que pueda trascender el capitalismo salvaje, aún aprovechando de él lo que facilite el aumento de una competitividad que a su vez mejore la redistribución de los ingresos, parece que fue la clave de un discurso moderado que lejos de polarizar al electorado joven, pudo atraerlo hacia cierta forma de centro izquierda, aún en proceso de gestación.
Europe Écologie tiene claro que el problema del cambio climático global va en serio, y que los gobiernos de los países desarrollados tendrán que demostrar en Copenhague en la próxima cumbre mundial del clima, que son capaces de mover a sus congresos hacía la posibilidad de comprometerse con metas de reducción de emisiones de carbono, acordes con la gravedad que ha señalado el Panel Intergubernamental de Cambio Climático.
Si la raíz del problema climático es el actual modelo de sociedad, proponer un cambio de ese modelo parece ser lo pertinente. Pero este cambio de modelo, que no es asunto de corto plazo, bien podría representar una solución de carambola, en el corto o mediano plazo, para la crisis financiera.
Un modelo que aproveche los postulados del desarrollo sostenible, pero que incorpore una postura crítica frente las bases filosóficas de este modelo, resulta innovador en un mundo que ve desmoronarse la vieja propuesta verde que, desde la Cumbre Mundial de la Tierra Brasil 92, postuló que el desarrollo sostenible era, efectivamente, la panacea del desarrollo.
A quienes así pensaron, llamo los verdes verdes, y por contraste me refiero a propuestas tipo Europe Écologie, como los “verdes no verdes”.
La connotación que desde los sesentas tuvo la palabra “verde” le hizo más daño que bien al movimiento ecologista internacional, desprenderse de ella de manera gradual parece lo conveniente en un mundo dominado por modelos concertantes e inclusivos, donde los sincretismos pueden coadyuvar al gran propósito de avanzar, todos, hacia la modificación estructural de nuestra cultura del consumismo.
Tomo de una nota de Andrea Lanaia (El País, 30-6-09) la descripción de la manera en que Europe Écologie propone implementar su acción política: la creación de un Fondo Europeo de Cooperación Ecológica y Solidaria, en sustitución del Pacto de Estabilidad y crecimiento, un Consejo de Seguridad Económica, Social y Financiera, responsable ante el Parlamento europeo y destinado a fungir como Gobierno socio económico de la zona euro.

LBA: el proyecto científico de la Amazonia que puede extenderse a Colombia.



Para escribir sobre el bosque amazónico he desandado los caminos de mis tiempos lejanos. Y hurgando en los anaqueles de la memoria alcanzo a recordar, entre gallos y medianoche, el aroma vegetal de aquella selva. Yo tenía veinte años, y el paraíso terrenal donde vivieron —al parecer felices— Adán y Eva, no era aún para mí lo que es hoy: éste recuerdo. Sino una historia posible que había tenido que aprender en la primaria, como parte de un currículo que poco después se abolió, pero que el Gobierno del presidente Uribe volvió a reciclar, como guía religiosa para la educación de nuestros niños en pleno siglo diecinueve.
Perdón, veintiuno.
Pero como no escribiré sobre el dislate educativo que consiste en enseñar a los niños la mitología como si fuera historia, sino sobre la selva amazónica, retorno a ella. Y puedo sentir sobre mi cabeza la algarabía de unos micos desesperados por la súbita invasión de un batallón de cadetes, que habíamos ido allí para pisar lo que entonces no sabíamos muy bien que estábamos pisando: el territorio selvático tropical más importante del mundo.
La peligrosa ignorancia de nuestros veinte años no impidió conocer que nos encontrábamos en una región esencial para la vida del Planeta, que albergaba el mayor nivel de biodiversidad de la Tierra. Recuerdo que al caminar había que dejar señales para el regreso, pues el pasto crecía tan rápido que borraba nuestras huellas, y nos podíamos perder. Es cierto que por aquellos años, los setentas, buena parte del bosque amazónico, no había sido aún tocado por el hombre.
Hoy, para escribir esta nota, he buscado el dato de la ocupación y deforestación atribuida al hombre, y al comprobar que esta cifra corresponde al 47%, he buscado la extensión que tiene la selva amazónica, y me he sobrecogido de tristeza y vergüenza al comprobar el tamaño de la destrucción: la cuenca del río Amazonas tiene 6.4 millones de kilómetros cuadrados!. Es la más grande cuenca hidrográfica del mundo, y limita con nueve países. Su dinámica hidro-climática ejerce una influencia significativa sobre la región y el continente, debido a sus conexiones atmosféricas con los océanos Atlántico y Pacifico tropicales, y con la cuenca del Río de La Plata, en la Argentina. La dinámica hidro-climática de la cuenca Amazónica influye en la estabilidad climática de la región y del planeta, puesto que ella provee servicios ecosistémicos relacionados con su carácter de bosque húmedo tropical, como el enfriamiento de la temperatura a través de la evapotranspiración, la protección contra inundaciones y el albergue de biodiversidad.
Casi la mitad del bosque amazónico ha sido ocupado para diversos usos, y ello repercute, según James Lovelock, en la dinámica de la respuesta climática que ese pulmón podía ofrecer, para la regulación del gran sistema de la Tierra y la atmósfera. Voy a su libro “La Venganza de la Tierra”, que cito con frecuencia, y me planto en una fotografía que muestra la selva amazónica en la región de Anapu, al norte de Brasil. El pie de foto dice: La Amazonia desaparece a un ritmo de 20.000 kilómetros cuadrados anuales, el equivalente a dos veces la extensión de Asturias.
Lovelock ha dicho que el aumento de las temperaturas convertirá algunas regiones en desiertos, y hará ascender el nivel del mar, sumergiendo otras zonas terrestres. Ha estimado que la población mundial podría caer desde los siete mil millones que ya casi somos —mal contados— hasta los mil millones de habitantes, en el año 2100, debido a que la gente competirá por hacerse con los escasos recursos naturales que para entonces aún habrá en un Planeta desértico y caliente. "Habrá muerte a gran escala por la hambruna y la falta de agua", escribió. Si la población del mundo puede reducirse a mil millones de habitantes en el año 2100 quiere decir que la desaparición de seis mil millones de personas corresponderá, en tal escenario, al mayor desastre que ha vivido la historia de la civilización humana.
En el diario El País de Madrid (2007), le preguntaron a Lovelock que si él decía estas cosas para que le creyeran, que si estaba exagerando en sus nefastas predicciones sobre el futuro de la humanidad. Y contestó que no, que él sólo se limitaba a interpretar, en lenguaje del común, los datos del último informe del Panel Intergubernamental de cambio climático, un organismo del más alto nivel técnico conformado por más de dos mil quinientos científicos de todo el mundo.
Uno de ellos, el doctor Germán Poveda Jaramillo, me contó sobre los avances de un proyecto de enormes proporciones, que tiene su base en el Brasil, y que se conoce entre la comunidad científica como el Experimento de Gran Escala de la Biosfera-Atmósfera en la Amazonia, llamado LBA. Poveda estuvo en la Universidad del Rosario, donde pudimos escucharlo en el I Encuentro Internacional de Cambio climático. El forma parte del grupo científico directivo de LBA, y como miembro que es del Panel Intergubernamental de cambio climático, es uno de nuestros científicos de honor.
Pero antes de entrar en la selva amazónica, citaré textualmente a Lovelock, y luego a Antonio Elizalde, quien también estuvo en la Universidad del Rosario. Lovelock dijo en la entrevista para el diario El País: Estoy convencido de que se acerca el fin de la civilización y del mundo tal y como la conocemos. La Tierra seguirá viviendo tranquila, pero la población humana va a ser reducida a un 10% o 20% de lo que es ahora mismo. No exagero para nada. Si usted lee lo que digo en el libro (se refiere a La Venganza de la Tierra, Planeta, 2007) verá que no hay ni un solo dato que no esté avalado por el trabajo exhaustivo de los expertos de la ONU. La única diferencia es que ellos no utilizan el lenguaje sencillo que uso yo, porque se trata de un informe técnico. Pero lo que están diciendo, por poner un ejemplo, es que para la mitad de este siglo, cada verano será tan insoportablemente caluroso como el de 2003. Puede que la gente pueda aguantar esto con aire acondicionado, pero las plantas no.
Antonio Elizalde se cuestionó, en la Universidad, sobre la idea de que el consumismo es una enfermedad terminal de la cultura humana, y sugirió, a mi juicio, que esa cultura y esa civilización, están postradas en su última cama, como consecuencia de no haber podido dominar un virus que la carcome por dentro: la filosofía que orienta su idea de progreso. Pero esa civilización arrinconada por el cambio climático global, juzgará que no ha cometido ningún error al haber depredado media selva amazónica. Porque el principal problema de esa sociedad no consiste en que no vio lo que estaba sucediendo, sino en que no vio que no vio. Ceguera epistemológica dice Elizalde. Es lo que nos enseña Lovelock: las evidencias y las consecuencias, en el sistema Gaia, de no haber visto y de no habernos dado cuenta, a tiempo, que estábamos ciegos sobre nuestra equivocada manera de concebir el progreso.
El Proyecto a gran escala sobre la selva amazónica constituye, a mi entender, el más ambicioso plan de buena parte de la civilización humana, por rectificar su desdén en mirar los problemas complejos que competen al ambiente y al desarrollo. Conocer a fondo, lo que en aquel territorio gigantesco, está sucediendo, representará para la humanidad, por lo menos, la primera parte de la improbable solución al problema climático, relacionado con la amazonia. Esa primera parte es un mapa cognitivo borroso de gran complejidad. Y ya entro a explicar en qué consiste.
El alcance que este proyecto tiene para el conocimiento de esta región amenazada no se conoce suficientemente entre nosotros, a pesar de que tiene que ver, no sólo con nuestra propia geografía, sino con nuestra economía.
Se trata de una de las experiencias científicas más importantes del mundo, donde confluyen diversos organismos de la cooperación internacional, presididos por el INPA (Instituto Nacional de Investigación de la Amazonia). Allí se desarrolla el conocimiento, con base en una ciencia de punta (aviones con percepción remota, laboratorios en red, satélites, torres con sensores) que definirá la viabilidad de buena parte del propio Planeta Tierra, en relación con el aporte del sistema amazónico. Baste decir que en el LBA hay más de mil investigadores brasileños y más de ochocientos repartidos entre los demás países de la cuenca del gran río, que participan del proyecto, y también de Estados unidos y ocho países europeos. El LBA contribuye hoy con la formación de cerca de 400 especialistas, 200 de los cuales cuentan con maestrías y 200 con doctorado, en alguna de las áreas del conocimiento relacionadas con el gran objetivo del proyecto.
Cuál es este objetivo? Trataré de decirlo en una sola frase: abordar la Amazonia como un sistema y elaborar un conocimiento científico actualizado sobre su dinámica relacionada con el sistema físico de la Tierra.
Un enfoque Gaiano, diría Lovelock, que contempla la interdisciplina para el conocimiento de los problemas globales y facilita la múltiple retroalimentación entre todos los saberes que participan en la elaboración del conocimiento.
A partir de centenas de estudios, este proyecto se aproxima a comprender el funcionamiento del ecosistema amazónico desde sus aspectos climatológicos, ecológicos, biogeoquímicos e hidrológicos, evaluando el impacto de los cambios en el uso de la Tierra y explicando las interacciones entre este poderoso ecosistema y el gran sistema geofísico de la Tierra.
Hay unos grandes temas: los ciclos del agua, los flujos de las energías, el comportamiento del carbono, el aumento de los gases de efecto invernadero, la atmósfera y los cambios en el clima. Y unas grandes áreas del conocimiento que guían las investigaciones desde las ciencias duras: la física, la química y la biología.
Los capítulos específicos de estudio, mediante los cuales se aterriza el objetivo de LBA, son los siguientes:
• la física del clima, que contempla los temas de los flujos de energías y agua en el tiempo y en el espacio, mediante investigaciones hidrológicas y metereológicas;
• el estudio del almacenamiento e intercambios de carbono, que toca la cobertura vegetal de la selva y el papel que cumplen los árboles como grandes almacenes de dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero, también se aborda el tema de cuánto carbono es liberado cuando se quema la selva y se transforma en pastizales;
• el estudio de la biogeoquímica amazónica, que aborda el problema desde las ciencias particulares de la Tierra y la vida, y toca aspectos como el reciclaje de los nutrientes de las plantas, los aportes de nutrientes desde la atmósfera y los aportes de nutrientes desde la atmósfera y las emisiones originadas en los bosques primarios y secundarios ;
• la química atmosférica, que estudia los cambios ocurridos en la atmósfera y los factores climáticos y meteorológicos que intervienen en la dinámica climática actual, aquí se estudia el problema de la influencia del Amazonas en las concentraciones globales y locales de ozono y el tema del vapor de agua, y de otros gases y aerosoles, que forman micropartículas en suspensión, que intervienen en la condensación que da origen a las gotas de lluvia.
• La hidrología y la química del agua de superficie, que abarca la dinámica de los ríos, los temas de contaminación y pérdida de los recursos hídricos
• los cambios del uso de las tierras y de la cobertura vegetal, que aproxima el objetivo del proyecto a sus aspectos sociales y económicos relacionados con las poblaciones que hoy ocupan el territorio amazónico
• y, por último, el estudio de las dimensiones humanas, tema transversal a todos los anteriores, que se ocupa de los cambios ambientales ocurridos como consecuencia de la ocupación humana, y que abarca amplios aspectos relacionados con la vulnerabilidad y la movilidad de las poblaciones, en el contexto del fenómeno climático que hoy vivimos.
A partir de tales capítulos se han podido abordar tópicos sobre los cuales existe hoy un mayor nivel de datos y certezas: los volúmenes de dióxido de carbono liberados como consecuencia de las desforestaciones amazónicas, la capacidad de absorción de dióxido de carbono atmosférico por parte de la gran masa vegetal de la región, el nivel global del aporte que como sumidero de carbono, puede ofrecer al mundo, la Amazonia, el comportamiento de los niveles de radiación solar sobre la superficie de los cauces de agua, la compactación de suelos y su consiguiente reducción de las tasas de infiltración de las aguas pluviales, el descenso de los niveles freáticos, y los cambios observados en la disponibilidad de nutrientes en los suelos y en las tasas de transferencia de nutrientes y de carbono hasta los cuerpos de agua.
Y una última cosa: Brasil es nuestro vecino amazónico, pero a años luz está, en materia de ciencia, tecnología y medio ambiente. El propio boletín de LBA trae una noticia fresca: su producción científica aumentó el último año un 56%, y pasó del puesto 15 al 13, en el ranking de artículos publicados en revistas especializadas.
El LBA cumplió en 2008 su primera etapa, y ha sido institucionalizado como proyecto del Estado brasileño. Y algo más, quiere extenderse a la región andina. El doctor Poveda ha sido comisionado para que lidere una iniciativa orientada el establecimiento de un programa de investigación, con un espíritu similar a LBA, en los demás países Amazónicos.

Pregunto a los lectores: ustedes creen que Colciencias ha hecho gala de su nuevo papel —que le otorga la Ley de Ciencia— para apoyar esta iniciativa? Si la respuesta es sí, como supongo que debe ser, lamento comunicarles que están equivocados.
Señor director de Colciencias, lo que LBA puede hacer en nuestro país, se lo resumo así: A. estudiar los impactos del cambio climático sobre los ecosistemas andinos de glaciares, páramos, punas y bosques de niebla, y su impacto sobre el ciclo hidrológico y el suministro de agua. B. Analizar el riesgo y la vulnerabilidad, degradación ambiental y pobreza en las ciudades Andinas. C. Estudiar los balances de agua, energía y carbono en el sistema Andes/Amazonía, y sus factores de retroalimentación sobre varias escalas espacio-temporales, y sobre los efectos del cambio climático global, la deforestación y la variabilidad ambiental.
Si lo anterior le parece importante, llame al doctor Poveda Jaramillo, pero antes dese una pasadita por www.lba.cptec.inpe.br.

Física y redes sociales




Se dice que hay química, cuando entre dos, se comprueba la empatía. O, más bien, cuando la “vibra” se concreta en “buena onda”. Pues tal parece que la amistad es más un asunto de física que de química, de energías y partículas del cerebro que de compuestos que se agitan en el cuerpo. A esta conclusión llega un estudio publicado en Physical Review Letters (www.ica1.uni-stuttgart.de/~marta/qsmob_glh.pdf). Que descubre, a partir del primer modelo matemático elaborado sobre las relaciones sociales a partir de la física, que los vínculos de amistad entre los humanos, siguen las mismas pautas de comportamiento que las colisiones de partículas, de manera que si consideramos que una colisión equivale a un encuentro, un colisionador de partículas bien podría ser algo así como un escenario de encuentros de redes tipo Facebook, donde la gente se reúne, sin que tengan, necesariamente, que colisionar sus cuerpos físicos, como antes ocurría en los clubes o en los bares.
La física que hoy acerca a los primates sapiens no es la física de las pieles, sino aquella de las altas energías, impulsos coincidiendo en el ciberespacio para llevar y traer los mensajes de texto o las caritas felices, ese ícono insulso de las desuetas palabras del amor. Conexiones que se establecen sin el estorboso rudimento de los cables. Como si no fuera mejor enredarse entre extensiones de pieles y de alambres que facilitan mejor la mezcla de los fluidos, que navegar en el laberinto anónimo de los bits, sin que nadie sepa jamás quien es el otro.
Los investigadores hicieron su trabajo sobre 90.000 estudiantes de Estados Unidos y llegaron a la asombrosa conclusión de que es la física la que manda en la amistad, y no la química, como aún creíamos los que ya transitamos por la cincuentena.
Ahora bien, se preguntarán algunos: y esto de qué nos sirve? Pues de mucho. La investigación teórica de base permite que la ciencia aplicada elabore modelos a partir de los nuevos patrones descubiertos, de manera que a partir del estudio que aquí reseño podremos conocer asuntos tan diversos como la probabilidad de éxito en las sociedades de negocios entre grupos o individuos, o la dinámica de expansión de enfermedades como el sida.
Y podremos comprender, como no, el misterio de Facebook y las redes sociales, que han pasado de ser el boom del futuro al boom del presente, según nota de Guardian (02-03-06). Debido a qué? Z. Bauman tiene una explicación: porque la gente está feliz de revelar detalles íntimos de su vida íntima. He ahí la cuestión.

Anatomia de la sonrisa




Por estos días "de parranda y animación", en que solemos ventilar las esperanzas, sonreímos. Al mal tiempo le ponemos buena cara y les deseamos a los demás felices fiestas. Las familias se reúnen, se vuelven a ver, se reencuentran y, en la liturgia de la salutación, nadie escatima gesto; repartimos, por igual, sonrisa del corazón y sonrisa social.
Quienes ayer nos mostraron sus colmillos, hoy nos enseñan, alegres, sus caninos, y cuando faltan cinco 'pa' las doce' se abrazan todos con todos.
Hasta las doce.
La sonrisa social nos distingue del resto de los mamíferos, quienes, al no poseer el control cerebral de sus expresiones faciales, solo le muestran sus dientes alegres cuando en realidad están contentos con usted. Nosotros, en cambio, somos capaces de morder y engullir prójimo, al tiempo que le aplicamos una cualquiera de nuestro amplio repertorio de risitas sociales (el neurólogo Paul Ekman, que estudió bien el tema, anota que el arsenal alcanza las 7.000 variedades).
Supongo que debe ser por eso por lo que se dice que los animales no mienten. No creo que se necesite sustentar que nosotros sí. Ahora bien, si usted quiere aprender a distinguir las sonrisas que le dispensarán por estos días, hágame el favor de tomar nota de lo que dice Rita Carter en su libro El nuevo mapa del cerebro, que acompaña mis vacaciones.

Dice Rita que la sonrisa espontánea dura más y se disuelve lenta y regularmente (¡ojo!), mientras que la otra es instantánea y se desdibuja de un tirón. La razón es que los dos tipos de sonrisa se forman a través de dos juegos distintos de músculos faciales que, además, son controlados por dos circuitos cerebrales distintos. La sonrisa de verdad (también llamada sonrisa de Duchenne) proviene del cerebro inconsciente, y la social, de la corteza consciente, por lo cual se puede provocar a voluntad.
Pero si quiere que le dé la prueba reina de la sonrisa mentirosa, anote: no hay contracción de los pequeños músculos que rodean los ojos; se produce alrededor de la boca y nada más. Y si desea ensayar, vaya a la tienda de hamburguesas de su barrio o al centro comercial; encontrará el más amplio catálogo viviente de sonrisas sociales. Apoteosis de músculos cigomáticos mayores, diría mi amiga Rita.
A propósito, ¿habrá sonreído usted mientras leía esta columna? Si ello es así, no dudo de que se le habrán dibujado, de manera automática, innumerables estrellitas en las órbitas de sus ojos. Pues esa era mi idea: desearle un 2010 muy surtido de sonrisas verdaderas.

Arte y periodismo




Dan cuenta el arte y el periodismo de una misma materia movediza: la realidad. El segundo la registra conminado por el vértigo de la noticia, tiempo escurridizo que va cubriendo de velos sucesivos la deleble memoria de los días. El arte, en cambio, congela la realidad en una aspiración de eternidad. Y devela sus aspectos más recónditos para facilitarnos la comprensión del mundo. Que, según Wittgenstein, no es la totalidad de las cosas sino la totalidad de los hechos. Es decir, las noticias. Una de ellas, registrada en este diario por la periodista Luz María Sierra, bajo el título de “Colombia busca a sus muertos”, mereció la atención de Mónica Savdié, quien, a la mejor manera del colectivo inglés Arte & Lenguaje, de los años sesentas, armó con las palabras del artículo de Sierra una propuesta artística que este país debe ver con otros ojos. Los de una nación que superó sus guerras y aprendió a mirar de frente la esperanza.
A ello nos invita la artista contemporánea, a que nos hagamos un examen de visión (así se llama su muestra) para que apartemos de nuestra mirada los velos que nos ocultan lo que debemos ver, esa maraña siniestra de hechos trágicos que hoy teje, con hilos de sangre, la realidad que padecemos. Sólo adentrándonos en las entrañas del monstruo podremos salir de él.
Voy a poner un ejemplo tomado de una de sus obras expuestas en la Cámara de Comercio de Bogotá: entreotrasnoespracticoelusodelamotorierraporqueseenredaenlaropayporesoprefierenelmacheteexplicaelfiscalespecializadoenexhumaciones.
Savdié acude al panel que usan los optómetras, y pone allí sus caracteres, para que los espectadores vayan metiéndose, poco a poco, en el contenido de la realidad; ha tomado textualmente los testimonios registrados en una noticia, y los ha transformado en obra gráfica, a partir de esa mirada doble que ella tiene, y que es capaz de captar, no simplemente la realidad aparente de las cosas, sino aquella realidad implícita de los hechos, de que hablaran David Bohm y Marcuse.
Todo el horror de la violencia paramilitar cobra un nuevo sentido cuando uno mira las palabras exactas de su sevicia expuestas en una sala de arte; ya lo había hecho Roger Bacon, cuando expuso los cadáveres de muchas vacas colgantes y sangrantes en un recinto de Londres, con su obra “cabeza rodeada de carne de vaca” y muchas otras, Bacon se empecinó en enrostrarnos que la capacidad del ser humano por ejercer la violencia no conoce límites.
Ver a Savdié nos permite elucubrar que cuando el arte y el periodismo confluyan de verdad, la sociedad entera se estremecerá.

El punto central



Cuando nos enfrentamos a la necesidad de definir lo que queremos mirar, podemos perder claridad en el enfoque por descuidar el contexto. Podemos caer en la ilusión óptica de que existe un punto central que merece toda nuestra atención, y en él concentramos nuestras energías, como si la realidad fuera un asunto estático, o aquel punto pudiera desprenderse del amplio conjunto de puntos, que lo contiene y entrama.
La realidad es un fluido movedizo de puntos conectados por tramas, casi siempre invisibles, y casi siempre complejas, que es necesario develar primero, para luego sí, entender lo que sucede, en la realidad que tenemos enfrente.
No hay un punto central, pues el punto central acaba siendo todos los puntos relacionados con aquel punto que creíamos el central.
El problema de la educación superior no puede reducirse a mirar el punto iceberg del reciente acto de protesta de la Universidad Nacional, que ha tenido, como se esperaba, eco en otras, de Bogotá y del resto del país. Reducir el tema a la discusión jurídica de si se trató o no de un secuestro, de si fue secuestro simple o —qué se yo — cuantos tecnicismos más, nos pierde de la posibilidad de examinar todos los puntos relacionados con el futuro de la educación superior.
Que es un futuro entramado, valga insistir, con el futuro mismo de la nación. Los analistas harían bien en propiciar una mirada total sobre todos los puntos del sistema, a fin de que podamos mirar, al mismo tiempo, la complejidad del sistema educativo: el presupuesto, la investigación, las prioridades, la cobertura, la competitividad, la calidad, la infraestructura, la popularización, la tecnología y etcétera, etcétera.
No alcanza esta columna para enumerar todos los puntos; no era esa la idea, sino invitar al ejercicio de ensayar una mirada global sobre el problema, para lo cual nos sirve un gráfico sencillo compuesto por un círculo verde y un punto rojo en el centro. Si enfocamos la mirada en el punto rojo se nos pierde el círculo verde, lo cual sugiere que si nos enfocamos en un punto central desaparece de nuestra mirada el contexto. Y al desaparecer el contexto actuamos como si, en realidad, no existiera.
En el vínculo http://lacomunidad.elpais.com/apuntes-cientificos-desde-el-mit/posts, Pére Estupiñan nos muestra este interesante juego.

Bali: los intereses creados




La torta de cumpleaños que le hicieron al Protocolo de Kyoto medía casi dos metros de alto. La celebración se hizo en Bali, en el marco de la cumbre mundial sobre cambio climático. Y conmemoró el décimo aniversario de aquel acuerdo que hoy intenta un segundo aire, no con viento a favor precisamente.
Lo que muchos esperaban de la cumbre de Bali era que ampliara las metas, escuálidas y tibias, de Kyoto. Y en el abanico de expectativas que caracteriza el comienzo de las cumbres, las cifras se proyectaron con generoso optimismo. Las bailarinas balinesas hicieron lo suyo con garbo de mar, y alegraron el comienzo de la fiesta.
¿Fiesta? Todo parece indicar que no hubo tal. Aunque tampoco tengo la pretensión de “aguar la fiesta” a quienes opinan que en Bali se avanzó sobre el tema del calentamiento global. Mi opinión es que la reunión resulta útil para la humanidad, pero no por las metas negociadas por los países firmantes sino por lo que seguramente ocurrirá, en el alma colectiva de nuestra especie, en los próximos cincuenta años. Suerte de az
No me pareció casual que los ecologistas que protestaron el martes en MadridA Jacinto Benavente se le recuerda por haber escrito una obra

Los intereses creados (1907). En ella presenta una afilada sátira del mundo de los negocios; particularmente atractiva, desde un punto de vista técnico, por la sabia combinación de elementos procedentes de la commedia dellarte con otros que brotan del teatro clásico español. Esta pieza continuó en otra, menos conseguida, y que a juicio de muchos críticos fracasó: La ciudad alegre y confiada (1916). El punto de vista que adopta Benavente en esta franja de su producción es el de un escéptico que desconfía profundamente de la naturaleza humana y de la sociedad en la que aquélla se manifiesta con frívola hipocresía cuando no simple crueldad.

Si el acuerdo es político, ¿Para qué Copenhague?

Expectativas ante la Cumbre Mundial de cambio climático


Los acuerdos políticos son todos deleznables, pues en la base del quehacer político está la posibilidad de hacer acuerdos para la galería. Y así el asunto termina siendo tan simple, y también tan perverso, que tanto los políticos, como la propia galería, saben que no se van a cumplir, pero ambos se comportan como si no lo supieran. Por ello, más que posibilidad, se trata de una práctica connatural y coherente con el principio fundamental del oficio: mentir.
Todos los cretenses son mentirosos, el Protocolo de Kioto es un acuerdo entre políticos, luego el Protocolo de Kioto es mentiroso.
Y que me perdonen los dos o tres —políticos o cretenses— autoexcluidos de la práctica del Alzheimer o el cinismo, refinada manera de la marrullería que hoy no es necesario practicar dada otra condición emergente de los políticos: la condición primitiva de su argumentación y la pobreza ideológica de su cultura. Van de la mano ambas cosas, como el jinete al caballo, y que me perdonen ahora los caballos pues al jinete me iba a referir. Tan sólo de soslayo, como el cántaro al agua, que bastante ha de correr aún para que entienda, él, que si no se baja del avieso ejemplar acabaremos por desbarrancarnos todos, con todo y su enjalmadura. No hablo de un jinete en especial, sino de todos los que creyeron que amarrarse al poder podía ser un acto tan legítimo como aferrarse a una bestia.
Lo que la humanidad espera de la Cumbre de Copenhague no es un acuerdo político, donde se formulan proposiciones de tipo intencional, pero que no representan compromisos vinculantes por parte de sus firmantes. Juramentos a la bandera de las Naciones Unidas ya ha habido, y no necesitamos ir a Copenhague para repetir la consabida pamplina.
Sospecho que haberle dejado el problema climático mundial a los políticos es algo que la humanidad habrá de pagar con creces. Los políticos casi nunca dominan los asuntos esenciales de la ciencia y la cultura, porque, en general, carecen de ambos fundamentos. Son hábiles, eso sí, para poner cara de personas serias y preocupadas, cuando se trata de hacerle creer a los ignorantes que ellos conocen la ciencia y la cultura. Lo logran, casi todas las veces, y es por eso que la civilización actual está a punto de desbarrancarse.
Los expertos del IPCC han dicho que el abismo empieza en los 2ºC, y que teníamos cien años para detener la carrera suicida. Hoy estamos en 0.77ºC del camino hacia el despeñadero. Y todo parece indicar que la carrera ha ganado aceleración en los primeros nueve años del siglo XXI.
La humanidad no tenía otra carta que la de jugarse su futuro confiando en sus gobernantes, pues el Sistema de las Naciones Unidas prevé que son estos quienes representan a los países, y no los expertos, o los representantes de la sociedad civil, o los líderes espirituales, y mucho menos los intelectuales.
Escuchar a los expertos es una cosa nueva en el Sistema ONU. Data tan sólo de la experiencia del IPCC, un panel de expertos conformado en 1988 por la Convención Marco de Cambio Climático y la Organización Meteorológica Mundial. El IPCC recibe el premio Nobel de Paz en 2007; año que será recordado, precisamente por su IV Informe de Evaluación, el cual establece con total certeza, tanto el origen antropogénico del problema, como su extrema gravedad.
La novedad de esta experiencia la hace endeble, hasta el punto de que no existe hoy un consenso suficiente entre los políticos, sobre la necesidad de atender las recomendaciones del Panel de científicos.
Feyerabend se preguntaba que si es cierto que se necesitan los expertos ¿Cómo procederían estos? ¿Cómo han de ser juzgados sus resultados? ¿Quién tiene que decidir al respecto? Se refería, sin duda, al uso político de la ciencia que tantas veces le ha costado a la humanidad más de un dolor de cabeza. Pondré sólo un ejemplo: Niels Bohr, el físico que inventó la fisión del Uranio 235, acabó como responsable del Proyecto Manhattan y “dio algunas ideas” sobre la mejor manera de tirar la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagazaki, según refiere Michael Frayman en su obra Copenhague.
Platón decía que los expertos deberían ser juzgados por los superexpertos, pero Protágoras había sido más democrático al establecer que los expertos podían ser juzgados por todos; es decir, por la humanidad. Se entiende que tales postulados bien podrían aplicarse a los políticos, quienes son los que toman las decisiones en las sucesivas conferencias de las partes del Protocolo de Kioto.
El resultado, hasta hoy, del Protocolo de Kioto, luego de 12 años de haber sido firmado, y uno de haberse cumplido el primer año de su periodo de cumplimiento, no puede ser más elocuente. Hemos fracasado, como dice Urs Von Balthasar, sobre los bancos de arena del racionalismo demos un paso atrás y volvamos a tocar la roca abrupta del misterio.
Si la humanidad entendiera, y aún hay tiempo para ello —aunque muy poco—lo que entraña dar ese paso atrás, tendríamos derecho a la esperanza; pero si no lo entiende, como todo lo que está pasando parece indicar, no tenemos más remedio que declinar, como especie, la posibilidad de que las futuras generaciones disfruten del maravilloso mundo de la tecnología, la ciencia y la cultura, que hemos podido desarrollar como culminación de la maravillosa aventura de la inteligencia colectiva, de toda la historia humana.
Mi parecer es que la humanidad entiende tan poco sobre este tipo de asuntos, como los políticos. No de otra forma se explica que confiemos en ellos, y nos despreocupemos sobre lo que, a nombre de todos nosotros, pero especialmente de los nietos de nuestros hijos, van a decidir en Copenhague.
Y si tan poco entiende sobre lo que significa “dar un paso atrás”, mucho menos va a entender lo que sugiere la metáfora “tocar la roca abrupta del misterio”.
Yo voy a tratar de explicarlo en esta columna (modestia apártate).
Dar un paso atrás significa abandonar nuestra ideología del progreso y reemplazarla por otra que regule el crecimiento poblacional y haga depender el desarrollo de fuentes energéticas no emisoras de dióxido de carbono. Se dice fácil pero entraña un cambio sustancial equivalente a revoluciones culturales como las de la agricultura o la cibernética.
Tocar la roca abrupta del misterio significa, a mi entender, atreverse a abandonar el pensamiento racionalista como única guía de nuestras acciones, y adoptar un modo complejo de pensamiento colectivo que incorpore la intuición y rescate el carácter profético del arte como factor iluminador del destino humano.
El tamaño de este desafío parece exceder la medida epistemológica de los gobernantes del mundo, quienes no están acostumbrados a mirar los problemas con una perspectiva que supere en más de quince centímetros el alcance de sus narices.
Por eso no es posible esperar de la Cumbre de Copenhague un acuerdo vinculante como el que pidieron en Bonn, en junio de 2009, las organizaciones de la sociedad civil: nuevas metas de 40% de reducción hasta 2020, y de 80% hasta 2050. Se llegará, a lo sumo a un lánguido 11 o 12%, si es que la presión de esa misma sociedad civil logra empujar a los micos para la foto, y cuadrarlos como es debido.
El señor Elliot Diringer, vicepresidente de Estrategias Internacionales del think tank Pew para el Cambio Climático, dijo: "es altamente improbable que en Copenhague salga un acuerdo completo con cifras de reducción de emisiones". Y el secretario general de la ONU, inefable Ban Ki-Moon, pronunció hace unos días una de sus frases preferidas: "el ritmo lento actual de las negociaciones es muy preocupante". El ministro de Exteriores británico, David Miliband, reconoció que "peligra la existencia de un acuerdo en Copenhague"; El embajador de la UE en Washington, James Bruton, reaccionó molesto, como están muchos otros al escuchar palabras en el momento en que la humanidad reclama algo más que frases: "EE UU sólo es uno de los 190 participantes en la cumbre. Pero emite el 25% de los gases de efecto invernadero que la cumbre intenta reducir".
Y Obama? Se estarán preguntando los lectores. Obama bien, produciendo frases, les contesta este columnista; él y Todd Stern, su enviado especial para el cambio climático, como esta: "Francamente, las negociaciones en la ONU son difíciles". Escribí en El Tiempo una muestra de las frases del negociador Pershing (columna “Retórica pre Copenhague”, viernes 6 de diciembre, 2009 www.eltiempo.com ) al cual los remito para no hacer demasiado larga esta nota.
Estados Unidos ha aumentado sus emisiones un 18% desde 1990 (año de referencia de las metas de Kioto) mientras que la Unión Europea las ha reducido un 2,7%.
La Administración de Obama ha aprobado una ley, llamada la ley del clima, orientada a reducir sus emisiones un 17% en 2020 y un 83% en 2050. Pero la norma avanza lentamente en el Senado, y le hace falta el trámite de 2010, cuando ya se haya llevado a cabo Copenhague, y el ajedrez de Chindia, el grupo de convergencia, las economías emergentes, México, Brasil y Japón, se haya descuadrado nuevamente para la foto.
Ante el probable fracaso de Copenhague, algunos han empezado a hablar de un post Copenhague, en junio de 2010, cuyo propósito sería resolver la asignatura pendiente que les quedó a los gobernantes del mundo, pero especialmente a Obama.
Remato con una frase de un experto en Economía del Cambio Climático, el señor Xavier Labandeira, que bien podría equilibrar el realismo escéptico de mi propia opinión: "No parece probable que Copenhague acabe sin acuerdo, aunque sea más descafeinado que lo deseado por muchos".

marzo 07, 2006

Bibliografía básica del caos

Bibliografía básica del caos.

El criterio con que he escogido estos libros es blando y movedizo, y obedece más a aquellos que han sido esenciales para mí que a cualquier otra consideración academicista. He ordenado varias veces esta lista, suelo sacar algunos e incluir otros y la lista siempre da 48 registros, por lo cual he concluido que es conveniente, pues desde hace mucho tiempo mantengo la creencia de que todo lo que tenga el número 48 es bueno y conveniente.

1. Atlan Henri, Entre el cristal y el humo: Ensayo sobre la organización de lo vivo, Madrid, Debate. 1990
2. Bohm David, La totalidad y el orden implicados, Kairós, Barcelona, 1989.
3. Briggs Jon y Peat F.D, A través del maravilloso espejo del universo, Gedisa editorial, Barcelona, 1994.
4. Briggs Jon y Peat F.D, Espejo y Reflejo: del caos al orden, Gedisa editorial, Barcelona, 1994..
5. Capra Fritjof, El punto crucial, Editorial Troquel, Buenos Aires, 1993.
6. Capra Fritjof, El tao de la física, Editorial Troquel, Buenos Aires, 1993.
7. Changeux Jean Pierre, El hombre neuronal, Fayard, París, 1983
8. Clifford M. Will,¿Tenía razón Einstein?, Gedisa editorial, Barcelona, 1991.
9. Eccles Jonh y Popper Karl, El yo y su cerebro, Labor, Barcelona, 1980.
10. Ferrater Mora y otros, Las filosofías de Ludwig Wittgenstein, Oikos Tau, Barcelona, 1965.
11. Feynman Richard y Steven Weinberg, Las partículas elementales y las leyes de la física, Gedisa editorial, Barcelona, 1994.
12. García Bacca Juan David, Necesidad y azar, Anthropos, Barcelona, 1985.
13. Gell-Man Murray, El quarq y el jaguar, Metatemas, Tusquets editores, Barcelona, 1995.
14. Geymonat Ludovico, Límites actuales de la filosofía de la ciencia, Gedisa editorial, Barcelona, 1995.
15. Gleick James, Chaos: making a new science of wholeness, New York Viking, 1987.
16.
17. Hayles N. Katherine, La evolución del caos, Gedisa editorial, Barcelona, 1992.
18. Heisenberg Werner, Más allá de la física, atravesando fronteras, BAC, Madrid, 1974.
19. Jantsch Erich, The self-organizing Universe, Oxford pergamon Press, Londres, 1980.
20. Koestler Arthur, The art of creation, Hutchinson, Londres, 1964.
21. Lazlo Ervin, La gran bifurcación, Gedisa editorial, Barcelona, 1994.
22. Margenau H, El nuevo estilo de la ciencia, Cultura universitaria, Universidad Central de Venezuela, 1969.
23. Martínez Miguelez Miguel, El paradigma emergente, Gedisa editorial, Barcelona, 1993.
24. Najmanovich Denise, Elina Dabas, Redes: el lenguaje de los vínculos, Paidós, Barcelona, 1995
25. Newton Isaac, Principios matemáticos de la filosofía natural, Madrid, Tecnos, 1987.
26. Ortoly Sven, El cántico de la cuántica, Gedisa editorial, Barcelona, 1997.
27. Peat F David, Sincronicidad, Kairós, Barcelona, 1991.
28. Platón, Timeo o la naturaleza, en Diálogos, México, Porrúa, 1989.
29. Poincaré Henri, Ciencia y Método, Espasa Calpe, Colección Austral Argentina, 1943.
30. Gleick, J. Caos: La creación de una ciencia, Barcelona, Seix Barral.1988
31. Poincaré Henri, Ultimos pensamientos, Espasa Calpe, Colección Austral Argentina, 1943.
32. Pribram Karl, Brain and Behavior, Pingüino, 4 vols, Londres, 1982.
33. Dobry, M.): Sociología de las crisis políticas, Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas. (1988
34. Prigogine Ilya, Isabelle Stengers, Orden por fuera del caos, Gedisa editorial, Barcelona, 1992.
35. Prigogine Ilya, ¿Tan sólo una ilusión?, Metatemas, Tusquets editores, Barcelona, 1988.
36. Balandier, G. El desorden. La teoría del caos y las ciencias sociales. Elogio de la fecundidad del movimiento, Barcelona, Gedisa. (1989):
37. Roszak Theodore, Persona/Planeta, Kairós, Barcelona, 1992.
38. Sametband Moisés José, Entre el orden y el caos: la complejidad, Fondo de Cultura Económica de Argentina, 1991.
39. Sheldrake Rupert, Una nueva ciencia de la vida, Kairós, Barcelona, 1993.
40. Stewart Ian, ¿Juega Dios a los dados?, Grijalbo Mondadori, Barcelona, 1991.
41. Sussman G.J. y Wisdom J., Chaotic evolution of the solar system, Science vol 257, p 56/62
42. Talbot Michael, Más allá de la teoría cuántica, Gedisa editorial, Barcelona, 1994.
43. Thom René, Esbozo de una semiofísica, Gedisa editorial, Barcelona, 1994.
44. Thompson W.I., Gaia: implicaciones de la nueva biología, Kairós, Barcelona, 1992
45. Wagensberg J, Ideas sobre la complejidad del mundo, Tusquets, Barcelona, 1989.
46. Watts Alan, Naturaleza, Hombre y Mujer, Kairós, Barcelona, 1991.
47. Wheatley Margareth J, El liderazgo y la nueva ciencia, Granica editorial, Barcelona, 1994.
48. Wilber K., Pribram K, Bohm D, Ferguson M, F. Capra y otros, El Paradigma holográfico, Kairós, Barcelona, 1992.